El ser humano no
tiene el poder de elegir todas las situaciones que enfrenta día a día. Sin
embargo, tiene un as bajo la manga: posee la capacidad de actuar racionalmente
bajo la realidad en la que está sometido. Esto no quiere decir que siempre las
personas hagan lo que deseen. Muchas veces, ni siquiera escogen las opciones
que tendrán al alcance. No obstante, a la hora decidir cómo obrar, pensar y
relacionarse con los demás; sí lo hacen bajo sus deseos.
La llamada ética y moral se ha tornado cada vez más
necesaria en éste mundo globalizado y competitivo. Pareciera que en este mundo erróneamente
ambos términos suelen considerarse sinónimos. Quizás la confusión surge porque
los dos conceptos van de la mano. Es decir, al existir ética funcionalmente
habrá una moral y viceversa. Si bien parece simple decirlo o escribirlo, ésta
cuestión ha sido tema de discusión constante desde el origen de la filosofía en
la Antigua Grecia. Por un lado, se puede
afirmar que la moral son las normas
que rigen en la sociedad, las cuales los individuos aceptan como válidas. Por
otro lado, la ética hace referencia a
la justificación que se le dá a esas normas. Dicho de otro modo, por qué las
consideramos correctas. Preguntas tales cómo qué es lo bueno y qué es lo malo,
gozan de respuestas permeadas de tales valores.
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